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En los años de 1706, existía una misión opulenta en Huamanga, en el jirón que hoy lleva su nombre.
Isabel, bella mujer, hija del Marqués de "La Totora", era enamorada de un joven noble y de buen parecer físico, al cual correspondía ella, pero su padre, quería casarla con un vejete, el Marqués de Valdelirios, por que era rico y de título nobiliario.
Tanto insistía el padre de Isabel para esta unión, que llegó a oídos de su enamorado, el joven Ricardo; quien escaló la casa para raptarla a la chica, pero antes de poder entrar a la mansión de su enamorada, fue detenido por un embosado, quien le retó a un lance de espada. El joven le aceptó, y era nada menos que el vejete pretendiente de la mano de Isabel. La lucha fue recia y reñida. Al escuchar el chasquido de las espadas, acudieron Isabel y su padre, quienes miraban estupefactos el duelo. Después de cuarenta minutos de altercada pelea, recibió una estocada mortal el Marqués de Valdelirios, cayó pesadamente al suelo, y en un charco de sangre era difunto.
Al ver esto, el padre de Isabel. Marqués de Totora, recogió la espada del difunto y retó él, al joven. Se trabó nueva lucha, pero después de veinte minutos de crueles maniobra, cayó también el Marqués de La Totora de una estocada cruel, porque Ricardo era un ágil espadachín.
Isabel al ver este incidente fatal, retó a su enamorado, quien le expresó enfáticamente su odio al joven. Dijo: "hasta este momento te he amado mucho, pero ahora que has matado a mi padre, te odio en el alma". Ahora, lucharé hasta que muera yo, o tú... miserable.
La joven pidió perdón, pero la chica fue inflexible.
Ricardo tiró la espada, se arrodilló, y esperó paciente el último segundo de su vida. Dijo: "mátame querida, así podré resarcir mi crimen".
Isabel le hundió la espada en el pecho de Ricardo, y luego se vio al día siguiente, ese cuadro macabro, de tres difuntos, todos de noble alcurnia huamanguina.
La Marquesita Isabel de la Torre, entró al convento de Santa Clara, se hizo monja, e hizo penitencia de su crimen, y murió ya anciana a los sesenta años de edad.
Los familiares de uno de los difuntos, años después, hizo colocar en la esquina que entre los jirones: "Tres Máscaras" y "Bellido", triple efigie de piedra labrada, para recuerdo de los lances de honor de los Marqueses de la Totora, de Valdelirios y el Joven Ricardo.
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